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6 enero 2011 4 06 /01 /enero /2011 00:40

 

>Cuando llegue a la entrada del santo santarum de Sekhmet me encontré con el guardián del templo y fue entonces cuando mi corazón sintió que la había encontrado. La emoción iba en aumento ,  pase por una primera sala y traspase el humbral y alli estaba ella en la oscuridad magestuosa y esperandome.

Me hacerqué  y senti tal emoción que no pude mas que ponerme a llorar, entonces vino el guardián tomo mi mano y la llevo a la diosa realizando el ritual que se lleva a cavo desde el inicio de los tiempos. Y cuando llegue a  tocarle la mano  que sostiene la cruz Ank mis oidos empezaron a sentir un sonido que iba subiendo cada vez mas y mas, y fue entonces cuando senti un despertar en mi interior y supe que la espera había concluido. Tantos años esperando viajar a Egipto sin saber el porque, se habia revelado allí en aquel lugar en aquella camara y con la diosa que aún sigue viva >  _    -Agartha-

  07 EGYPT, Karnak Temple, Sekhmet SEKHMETDiosa con cabeza de leona, mujer de Ptah y madre de Nefertum

Mito de la Destrucción de la Humanidad

Cuenta el Mito, que en el antiguo Egipto: "Los hombres entraron en una conspiración para derrocar a los dioses y blasfemaron contra Ra. Sacerdotes herejes y magos idearon la manera de destruir a los dioses, utilizando los poderes que los mismos dioses les habían otorgado. Ra, se entero de este plan y llamo a los dioses, discutieron sobre la mejor manera de castigar a los hombres y llegarón al acuerdo que la diosa leona, Sekhmet,  se manifestara en la tierra y aplacasria la rebelión. y castigaría a todo aquel que tuviese en su mente malos pensamientos.

Sekhemet camino entre los hombres, los destruyó y bebió su sangre. Originando una macabra matanza. Los otros Dioses decidieron que la represalia ya había sido suficiente y debía detenerse. Pero no eran capaces de dominar  la ira desatada en la diosa Sekhmet, quien sedienta de sangre continuaba su particular carnicería. El temor de que la diosa  Sekhmet extinguiera a  toda la humanidad. Hizo que Ra, decidiera frenar aquella matanza consiguió ciertas plantas de Elefantina, que  pertenecían a la familia de las Solanaceas ( Opio y Cañamo) y que podían ser utilizadas como poderosas drogas. Una vez  recolectadas fueron enviadas al Dios Sekti en Heliopolis.

Este las mezclo con cerveza y sangre humana, hasta que lleno siete mil  jarras grandes. Las jarras fueron llevadas hasta un  lugar por donde solía pasar la diosa Sekhmet y fueron derramadas en el suelo, inundando los campos a una gran distancia. Cuando Sekhmet  percibió el olor, pensó era sangre, se regocijo y bebió todo el líquido, entonces su corazón se lleno de alegría, su mente cambió y no pensó más en destruir a la humanidad. Después de esto, Ra declaro a Sekhmet como "Aquella que viene en paz" alabándola con la belleza y el carisma de los Dioses."
 

La diosa Sekhmet poseía dos aspectos que se contradecían: por un lado, era colérica y peligrosa, pero por el otro era sanadora y protectora. Es curioso comprobar con casos como el descrito, como al igual que ya ocurría en el Antiguo Egipto, miles de años más tarde Sekhmet siguió despertando sentimientos de terror en el corazón de los seres humanos.

Según hemos podido comprobar con lo que hemos expuesto hasta ahora en este trabajo, todo parece indicar que los antiguos realmente no adoraban a Sekhmet por el significado de sus poderes sino por ser una divinidad encarnada en un animal muy concreto: el león.

Para comprender esta ideología, tenemos que retroceder hasta el comienzo de los tiempos. Siguiendo este camino, tras buscar las respuestas en las crónicas milenarias de los antiguos egipcios, llegaremos a una sorprendente conclusión, la misma que alcanzaron los investigadores Robert Bauval y Graham Hancock, en su libro Guardián del Génesis.

En los Textos de las Pirámides -una suerte de sentencias mágicas que los egipcios escribieron en el interior de algunas pirámides-, aparecen los tepi-aui, es decir, “los dioses antepasados del círculo del cielo”. El nombre de estas divinidades primigenias se escribía con el jeroglífico del cuerpo de un león yacente del que sólo se ven las garras, el pecho y la cabeza. El mismo ideograma era empleado para escribir el nombre de los Akeru, divinidades que según los egipcios vivieron sobre la Tierra incluso antes que la aparición en los cielos de Re.

Partiendo de esta base, Bauval y Hancock buscaron en las antiguas cronologías egipcias cuáles eran estos misteriosos dioses de aspecto leonino. Así se encontraron con un hecho fascinante: los propios textos egipcios relataban la historia de su pueblo, cuyo comienzo era mucho más antiguo de lo que los egiptólogos modernos nos quieren hacer ver.

Manetón de Sebenito, un sacerdote heliopolitano que escribió una Historia de Egipto en tiempos del faraón Ptolomeo I ( s. III a. de C.), nos hablaba de los diferentes reinados que se sucedieron en Egipto hasta su época, según estaba escrito en los textos secretos de su templo en Heliópolis. Hasta entonces Egipto estuvo dirigido en cuatro etapas diferentes por Dioses (13.900 años), Semidioses y Espíritus de los Muertos (11.025 años) y, finalmente, los reyes mortales, divididos en las treinta dinastías que hoy se aceptan.

 

El regreso de la diosa Sekhmet

“Entonces una figura se movió desde la oscuridad. No la había notado previamente, porque era tan negra como las sombras en las que permanecía. Su cuerpo era inequívocamente femenino, pero su rostro era el de una leona

Permaneció ante mí, tendiéndome una mano y me puso de pie. Cuando abrió su boca para hablar, unas violentas descargas eléctricas sacudieron mi cuerpo por entero”.

Este fragmento perteneciente a la descripción de un sueño protagonizado por el investigador estadounidense Brad Steiger el 2 de diciembre de 1974, demostró ser después un simple eslabón más de una complicada cadena de sueños vividos por un grupo reducido de personas esa misma noche. Curiosamente, todos ellos tuvieron un mismo denominador común: la presencia de una misteriosa figura femenina de aspecto leonino. ¿Quién era esta leona? Toda esta historia se convierte en un estremecedor relato, cuando sabemos que hasta ese momento, ninguno de los protagonistas tenía ni la más remota idea de lo que era la diosa egipcia Sekhmet.

Como si se tratara de una gigantesca bola de nieve, este fenómeno ha ido multiplicándose de una forma espectacular alcanzado cotas increíbles en las dos últimas décadas. Lejos de evolucionar hacia contactos fríos como pudieran ser percibidos por medio de los sueños, algunos sensitivos pudieron contactar por medio de algo mucho más cercano y material; algo que permitía llegar incluso a sentir el calor del lomo de la diosa Sekhmet…

Las estatuas vivas

Se cuentan por cientos las experiencias de personas que han vivido y sentido algo especial ante una estatua de Sekhmet. El comienzo de este tipo de contactos cercanos con estas estatuas suele ser similar en todos los casos y con varios puntos en conexión, circunstancia que para los psicólogos convierte este fenómeno en un campo muy atractivo para la investigación.

Por lo general, la gran mayoría de los nuevos contactados no ha oído hablar nunca de la diosa Sekhmet. Su primer encuentro se produce de forma totalmente fortuita cuando visitan una exposición itinerante de Egipto o un gran museo de arte. Todo el recorrido parece normal hasta que se sitúan ante la estatua de la diosa leona. Es entonces cuando muchas de estas personas experimentan una sensación indescriptible similar a un shock emocional. Según sus testimonios las estatuas emanan una energía sutil, igual que si fueran baterías de energía; algo que hace que los sensitivos entiendan las figuras de Sekhmet como estatuas vivas.

Después de este primer encuentro, todos se sienten interesados de una forma repentina por la figura de esta misteriosa diosa y buscan información para intentar dar una respuesta a esa experiencia vivida. Sin embargo, en casi la totalidad de los casos, los libros de egiptología tradicionales no satisfacen sus necesidades.

Uno de los lugares más importantes en lo que a contactos con estatuas vivas se refiere, es el Museo Británico de Londres. Cualquiera de los encargados de las salas egipcias puede constatar la especial atención que muchas personas tienen hacia las seis estatuas de la diosa Sekhmet que hay en la gran galería que reúne obras de arte egipcio. Muchos visitantes se sienten atraídos de una forma misteriosa a tocarlas, relatando luego la sensación de paz y bienestar interior que han sentido durante aquellos breves instantes. En ocasiones, algunas personas se ven necesitadas de vivir asiduamente esta sensación de paz por lo que adquieren figuras de Sekhmet para intentar repetir la experiencia. Sin embargo, por una razón todavía desconocida, las estatuas de granito negro de Sekhmet, encontradas a cientos en el templo de Mut de Karnak y dispersas por varios museos del mundo, entre ellos el British de Londres, están cargadas de una energía especial que las convierte en piezas únicas, resultando totalmente improductivo intentar el contacto con una burda reproducción de escayola o resina.

 

 

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Published by Agartha
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