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30 octubre 2012 2 30 /10 /octubre /2012 19:01

Por Carmen Orellana -Tarwe

 

Para dar inicio a este ensayo, lo primero que haré es definir lo que para mi es la Trascendencia, y esta hacer que nuestros actos cotidianos lleven una energía extra que vaya construyendo o permeando en una dimensión superior. Es construir como mínimo en tres niveles (3D: Pasado, Presente y Futuro), en cuatro niveles, etc.

En la espiritualidad habitualmente se mencionan diferentes dimensiones, aunque cuando le damos un número determinado a estas, hay que entender que es relativo a cada autor y debemos entenderlo más bien como niveles o vibraciones inferiores, medias o superiores. Así que habiendo aclarado esto, en las dimensiones superiores la conciencia de la dualidad que nosotros conocemos tan bien en nuestro mundo, se transforma en una conciencia de la interconexión de todos los seres, en la conciencia del Todo.

Ese sentido de serenidad que nos ofrecen las experiencias místicas con planos o dimensiones superiores es producto precisamente, de que allí ya no hay dualidad y por lo tanto no hay un movimiento dialéctico o una lucha de fuerzas antagonistas o complementarias.

Lo que experimentamos como luz o bienestar es producto de una coherencia de la actividad cerebral, de una coherencia cardíaca y de un baño de serotonina y dopamina en el Plano Físico, Mental y Emocional; mientras que en el Plano Espiritual es la fusión de ambas partes del Ser la que provoca un salto cuántico (como la explosión de luz al entrar al hiperespacio), es cobrar conciencia y "ver" o percibir en dicho momento la unificación de todos los centros energéticos, la transferencia total de energía al cuerpo espiritual para poder entrar a través de la pupila de la Energía Dragón.

Para poder alcanzar este estado, es preciso primero experimentarlo por partes en cada uno de los centros energéticos:

Raíz: profundo amor por la vida, por la Madre Tierra.

Sacro: profundo amor por mi género y el que me complementa.

Plexo Solar: profundo amor creativo por toda la Creación.

Corazón: profundo amor por todo lo anterior sintiéndolo como parte del Espíritu.

Garganta: profunda manifestación de todo lo anterior.

Tercer Ojo: profunda visión interior y exterior, unida a todo lo anterior y al Espíritu.

Coronilla: profunda conciencia de todo lo anterior, desapego, libertad, confianza, Ser el Ser Superior de Mí Mismo y sentir mi conexión con lo que me une al Todo y a todo.

 

La suma de este proceso es una sensación de estar enamorado de Todo, del Cosmos y por lo tanto, vivenciar la sensación de saberse amado.

Al comenzar a Crear, a Manifestar desde estas esferas hacia abajo (hacia el Plano Físico, Mental o Emocional), ya no existe la duda, solamente la certeza porque la fuerza, la potencia vienen de la Unidad, en vez de la Dualidad.

Las paradojas, singularidades o excentricidades son pues también parte del Todo y nosotros interpretamos esto en el Plano Físico como dualidad, cuando solamente son partes diferentes de una misma cosa (como en una banda de Moebius o el símbolo del Infinito). Las tres son mecanismos de movimiento y evolución del Universo, por eso no hay que confundir el concepto de Unidad con el de Interconexión.

Cada entidad en el Universo (usamos "universo" como sinónimo de Creación") posee cualidades que la hacen única e irrepetible mientras tiene conciencia de sí misma, ya sea una partícula fundamental, un cristal o una ballena. Solamente al momento de trascender es que regresa a la Fuente como energía pura para ser reutilizada. Sin embargo, si de verdad vivimos experiencias trascendentales, estas pueden quedar impregnadas en esa energía que trasciende hasta su siguiente manifestación en forma de recuerdo y este puede surgir del Ser de forma aparentemente involuntaria, aunque en realidad siempre será manifestado por una razón, debido a que la energía universal es Inteligente, aunque nosotros podamos desconocer dicho motivo como habitualmente sucede.

Más aún podemos, si trabajamos nuestra espiritualidad de alguna manera, evocar un recuerdo y traerlo a la luz, a la conciencia de forma voluntaria para trabajar en específico sobre este.

Hay personas que piensan que el objetivo de este proceso está en adelantar trabajo, pero qué más da si vengo ocho, cuarenta o mil veces a encarnar. El tiempo es un concepto abstracto y relativo, el tiempo que nosotros concebimos como años no existe en otras dimensiones, en otras formas de percepción. Así que en realidad no hay finalidad u objetivo en este trabajo, dado que ambos son también conceptos humanos: siempre necesitamos tener un por qué, un para qué. ¿Es que acaso el Sol y la Luna se alternan en el firmamento por alguna razón? ¿Tienen un objetivo? ¡Claro que no! Siemplemente Son.

La única "ganancia" que obtenemos -si queremos verlo de esta manera- al trascender o al hacer este trabajo de conciencia de la trascendencia, es vivir de una forma más plena mi paso por la Tierra y hacer que tanto yo como los que me rodean, por resonancia tengan mejores vidas y pueda ayudarlos a realizar el mismo trabajo. Nuestros actos personales tangibles hacia toda la Creación, contribuyen a un cambio como humanidad (y la humanidad se conforma por personas, porque por sí mismo este es solamente un concepto abstracto) y si saltamos a otra dimensión en conjunto, viviremos de forma más plena y dejaremos que otras especies y entornos ecológicos lo hagan también. Estamos hablando de lograr una conciencia impersonal que paradójicamente es totalmente consciente de cada parte de la Creación, así como de su lugar en esta.

Una vez más, el Sol y la Luna SON, somos nosotros los que personalizamos su existencia dándoles nombres, atributos, estudiándolos, poniéndoles adjetivos, etc. Cuando vemos la interconexión como una fuerza de cohesión de la Creación, entonces respetamos la paradoja de la Individualidad y a la vez asumimos nuestra responsabilidad personal por cada acto, en realidad este concepto o esta fuerza fomenta la conciencia (que en realidad es lo que el concepto de "karma" expresa: la conciencia del valor de cada uno de mis actos y de cómo estos repercuten en mí y en los demás, entendido no solamente como las demás personas, sino como todo el Universo).

 

Esto nos lleva a pensar en qué es el Ego, y en este contexto el ego es la conciencia de la propia existencia, es el mecanismo que me individualiza, que reconoce mi responsabilidad, mi paso por esta vida y que me hace asumirme como una parte del Todo. Sin embargo, cuando manifestamos el ego en la dimensión dual en que nos movemos, este toma obviamente dos matices o polaridades. En un extremo encontramos al ego vencido, la víctima, la autoestima profundamente minada o egoístamente evadida. En el otro extremo, la soberbia desmedida, la auto complacencia, el juicio subjetivo sobre uno mismo. Es aquí, en la 3a dimensión que luchamos por equilibrar este mecanismo, pero también es, cuando ha sido domesticado, un buen trampolín para conocernos y completarnos.

Así, el ego se convierte en parte esencial de esta existencia y nos confundimos pensando que es nuestra personalidad cuando en realidad no es así, pero lo hacemos basados en que desde que nacemos es alimentado por un nombre, apellidos, un signo, una identidad legal, y todo eso va construyendo una imagen de mí mismo para conmigo mismo y una imagen de mí mismo que los demás perciben. Ambas pueden ser objetivas o subjetivas. Y dado que en el camino mi ego se ve influenciado por críticas, comentarios, bromas, ofensas, reconocimientos y todo tipo de influencias externas, asumimos estas palabras como parte de uno mismo. Es de esta manera como mi ego se siente ofendido, burlado, sobrevalorado, engañado o ilusionado y comienza a desplazarse hacia alguno de los dos polos, pero todavía peor: nos creamos y creemos la ilusión de que todo eso soy Yo, es mi Ser. Es en ese momento cuando le he dado la espalda a la puerta que podía liberarme del sufrimiento, de la angustia que me causan los juicios sobre mi persona.

¿Cómo puedo lograr entonces despersonalizarme sin perder mi identidad?

La respuesta es trabajando siempre desde planos superiores y desde allí manifestando hacia este plano, porque este tipo de conflictos no se encuentran presentes en una dimensión de unidad, en donde no poseo un nombre, es decir, un yo que pueda verse afectado, es el desapego total, la libertad plena en donde mi esencia no tiene nada que ver con mi identidad.

No significa que todo el tiempo esté en un estado meditativo, sino que tenga la suficiente "madurez espiritual" para lograr transferir suficiente energía a mi cuerpo espiritual y entonces trabajar con un 50% físico y un 50% energético todo el tiempo, en vez de hacerlo solamente de vez en cuando en un ritual, en las dos horas de clase o cuando medito. Normalmente trabajamos con más de un 90% puesto fíjo en el plano físico porque tenemos la creencia equivocada de que los planos no están interconectados, de la misma manera en que actualmente no están interrelacionadas la ciencia o la medicina con la espiritualidad, por poner solo un ejemplo.

Todas las dimensiones o planos están co-existiendo en este mismo momento en nosotros, de lo único que depende el que podamos tener conciencia de ello es de la Atención que le dedicamos a nuestra vida. Muchos viven como autómatas, como máquinas que nacen, trabajan y mueren sin poner Atención en el vibrante sentimiento de la vida.

Por ello es tan importante reflexionar sobre si el trabajo personal que estoy realizando es congruente y brutalmente honesto, ya que de otra manera, solamente estaré viviendo una existencia en dos dimensiones: pasado y presente.

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Published by Agartha
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