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Serapeum.jpgLa tumba de los dioses

Los meses siguientes representaron uno de los grandes avances de la Egiptología: el gran lugar de enterramiento de los bueyes Apis era descubierto. Lamentablemente ya había sido localizado por ladrones siglos atrás y la mayor parte de sus tesoros habían desaparecido. Aún así la visión tuvo que ser fantástica, con una serie de galerías interminables y docenas desepulcros de los bueyes sagrados consagrados al antiguo dios Apis –nombre helenizado delHapu egipcio, una de las formas del dios Path, divinidad creadora y solar–, venerado desde la I Dinastía. La costumbre de momificar animales también se encontraba muy desarrollada en la mentalidad egipcia, pero en este caso era algo especial. 

Estos animales se consagraban al dios, siendo una especie de sus representaciones en la tierra. Cada vez que moría el animal sagrado era conservado como una momia y enterrado con todos los honores, asimilándose a Osiris, el dios-muerto que renacía para la eternidad. También en Menfis y otros puntos de Egipto existían necrópolis para “animales divinos”, como las de los monos e ibis sagrados de Tot en Hermópolis. Los últimos faraones de la XVIII Dinastía comenzaron a crear un gran recinto para los bueyes Apis y más tarde Ramsés II(1290-1223 a. C.XIX Dinastía) construyó una enorme galería de 68 metros de longitud. Desde entonces el lugar no dejaría de crecer con los gobernantes posteriores. 

El pasillo principal, de 198 metros, con sus nichos para los enterramientos es quizá la sección más impresionante que del conjunto, pero ni de lejos su único elemento destacable. Para completarlo, los faraones Nectanebo I y II, de la XXX Dinastía (s. IV a. C.) erigieron la gran avenida de esfinges que vio Mariette y durante los días de los Ptolomeos y los romanos el lugar mantuvo parte de su esplendor. 

A pesar de la falta de tesoros y las escasas momias, el nuevo egiptólogo pudo encontrar los grandes sarcófagos pétreos de los bueyes, auténticas maravillas de la técnica y del esfuerzo humano. Algunos de los 24 ejemplares llegaban a los tres metros de alto, por dos de ancho ycuatro de largo, realizados en granito pulido con un peso de más de 60 toneladas. Con unos pocos restos de figuras votivas el lugar fue el escenario perfecto para recibir visitas de investigadores y curiosos. O dicho de otro modo, un sitio para que Mariette consiguiera más fama y amigos, asombrando a los turistas –gente de alta posición– con las catacumbas y el tamaño de los sarcófagos. Él mismo describía con emoción sus grandes hallazgos:

“Por una casualidad que no acierto a explicarme, una de las cámaras de la tumba de Apis, tapiada en el año 30 de Ramsés II, se había librado de los expoliadores del monumento y tuve la dicha de recuperarla intacta. Tres mil setecientos años no habían cambiado su primitiva fisonomía. Todavía estaban marcados en el cemento los dedos del egipcio que había colocado la última piedra del muro que sellaba la puerta. Unos pies descalzos habían dejado su huella en la capa de arena que se hallaba en un rincón de la cámara mortuoria. No faltaba nada en este último refugio de la muerte donde descansaba, desde hacía casi cuarenta siglos, un buey embalsamado.”

La fama y la gloria

De nuevo en Francia, paseó sus logros por los salones más prestigiosos del país y de Europa, pasando a ser considerado como una de las grandes figuras de la Egiptología. Todo pareció sonreírle en los años siguientes, teniendo un sinfín de puestos importantes a su disposición. Pero si años antes había sido “infectado” por el veneno de lo egipcio, el mal había evolucionado a un estado superior. 

Después de saborear los placeres y emociones del trabajo de campo, intentó regresar a su querido Egipto y gracias a sus apoyos volvió a pisar su suelo en 1857. Se suele mencionar aFerdinad de Lesseps, uno de los responsables directos de la construcción de los canales deSuez Panamá, como su principal apoyo en este aspecto, pero el lector no debe obviar nunca el brillo propio de la figura de Mariette. Para Francia era un personaje que, con su fama, representaba un estandarte de las glorias de su país y las bondades de su cultura. En unaEuropa inmersa en sentimientos nacionalistas no era un aspecto que pudiese ignorarse a la ligera. 

Con el beneplácito de su nación y el visto bueno de Egipto, que le concedió un barco para sus desplazamientos, comenzó una frenética serie de excavaciones durante ese año. Gizeh,SaqqaraAbidosTebas e incluso Elefantina fueron objeto de su interés, algo que incluso mejoró su imagen ante las dos naciones

El 1 de junio de 1858 fue nombrado “mamur”, que podría traducirse como “director” de los trabajos de antigüedades del país. A partir de entonces la investigación se tuvo que complementar con la administración y la lucha contra el expolio, siendo el impulsor del primerMuseo Egipcio de El Cairo –conocido como Museo de Boulaq–. Incluso ayudó a la promoción del país del Nilo que, para mostrarse como una potencia civilizada, decidió erigir un monumental teatro de la opera para estrenar una gran obra. Y aunque el encargado del trabajo fue Giuseppe Verdi, el “asesor” histórico y el responsable del tema de la famosa “Aida” fue este viejo profesor de dibujo y francés. Murió finalmente en 1881, siendo respetado por los círculos académicos europeos y por los propios egipcios, recordando su memoria con una gran estatua en los jardines del museo. 

 

 

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>Cuando llegue a la entrada del santo santarum de Sekhmet me encontré con el guardián del templo y fue entonces cuando mi corazón sintió que la había encontrado. La emoción iba en aumento , pase por una primera sala y traspase el humbral y alli estaba ella en la oscuridad magestuosa y esperandome.

Me hacerqué  y senti tal emoción que no pude mas que ponerme a llorar, entonces vino el guardián tomo mi mano y la llevo a la diosa realizando el ritual que se lleva a cavo desde el inicio de los tiempos. Y cuando llegue a  tocarle la mano  que sostiene la cruz Ank mis oidos empezaron a sentir un sonido que iba subiendo cada vez mas y mas, y fue entonces cuando senti un despertar en mi interior y supe que la espera había concluido. Tantos años esperando viajar a Egipto sin saber el porque, se habia revelado allí en aquel lugar en aquella camara y con la diosa que aún sigue viva >  _    -Agartha-

07_EGYPT--Karnak-Temple--Sekhmet.jpgSEKHMET: Diosa con cabeza de leona, mujer de Ptah y madre de Nefertum

Mito de la Destrucción de la Humanidad

Cuenta el Mito, que en el antiguo Egipto: "Los hombres entraron en una conspiración para derrocar a los dioses y blasfemaron contra Ra. Sacerdotes herejes y magos idearon la manera de destruir a los dioses, utilizando los poderes que los mismos dioses les habían otorgado. Ra, se entero de este plan y llamo a los dioses, discutieron sobre la mejor manera de castigar a los hombres y llegarón al acuerdo que la diosa leona, Sekhmet,  se manifestara en la tierra y aplacasria la rebelión. y castigaría a todo aquel que tuviese en su mente malos pensamientos.

Sekhemet camino entre los hombres, los destruyó y bebió su sangre. Originando una macabra matanza. Los otros Dioses decidieron que la represalia ya había sido suficiente y debía detenerse. Pero no eran capaces de dominar  la ira desatada en la diosa Sekhmet, quien sedienta de sangre continuaba su particular carnicería. El temor de que la diosa  Sekhmet extinguiera a  toda la humanidad. Hizo que Ra, decidiera frenar aquella matanza consiguió ciertas plantas de Elefantina, que  pertenecían a la familia de las Solanaceas ( Opio y Cañamo) y que podían ser utilizadas como poderosas drogas. Una vez  recolectadas fueron enviadas al Dios Sekti en Heliopolis.

Este las mezclo con cerveza y sangre humana, hasta que lleno siete mil  jarras grandes. Las jarras fueron llevadas hasta un  lugar por donde solía pasar la diosa Sekhmet y fueron derramadas en el suelo, inundando los campos a una gran distancia. Cuando Sekhmet  percibió el olor, pensó era sangre, se regocijo y bebió todo el líquido, entonces su corazón se lleno de alegría, su mente cambió y no pensó más en destruir a la humanidad. Después de esto, Ra declaro a Sekhmet como "Aquella que viene en paz" alabándola con la belleza y el carisma de los Dioses."
 

La diosa Sekhmet poseía dos aspectos que se contradecían: por un lado, era colérica y peligrosa, pero por el otro era sanadora y protectora. Es curioso comprobar con casos como el descrito, como al igual que ya ocurría en el Antiguo Egipto, miles de años más tarde Sekhmet siguió despertando sentimientos de terror en el corazón de los seres humanos.

Según hemos podido comprobar con lo que hemos expuesto hasta ahora en este trabajo, todo parece indicar que los antiguos realmente no adoraban a Sekhmet por el significado de sus poderes sino por ser una divinidad encarnada en un animal muy concreto: el león.

Para comprender esta ideología, tenemos que retroceder hasta el comienzo de los tiempos. Siguiendo este camino, tras buscar las respuestas en las crónicas milenarias de los antiguos egipcios, llegaremos a una sorprendente conclusión, la misma que alcanzaron los investigadores Robert Bauval y Graham Hancock, en su libro Guardián del Génesis.

En los Textos de las Pirámides -una suerte de sentencias mágicas que los egipcios escribieron en el interior de algunas pirámides-, aparecen los tepi-aui, es decir, “los dioses antepasados del círculo del cielo”. El nombre de estas divinidades primigenias se escribía con el jeroglífico del cuerpo de un león yacente del que sólo se ven las garras, el pecho y la cabeza. El mismo ideograma era empleado para escribir el nombre de los Akeru, divinidades que según los egipcios vivieron sobre la Tierra incluso antes que la aparición en los cielos de Re.

Partiendo de esta base, Bauval y Hancock buscaron en las antiguas cronologías egipcias cuáles eran estos misteriosos dioses de aspecto leonino. Así se encontraron con un hecho fascinante: los propios textos egipcios relataban la historia de su pueblo, cuyo comienzo era mucho más antiguo de lo que los egiptólogos modernos nos quieren hacer ver.

Manetón de Sebenito, un sacerdote heliopolitano que escribió una Historia de Egipto en tiempos del faraón Ptolomeo I ( s. III a. de C.), nos hablaba de los diferentes reinados que se sucedieron en Egipto hasta su época, según estaba escrito en los textos secretos de su templo en Heliópolis. Hasta entonces Egipto estuvo dirigido en cuatro etapas diferentes por Dioses (13.900 años), Semidioses y Espíritus de los Muertos (11.025 años) y, finalmente, los reyes mortales, divididos en las treinta dinastías que hoy se aceptan.

 

El regreso de la diosa Sekhmet

“Entonces una figura se movió desde la oscuridad. No la había notado previamente, porque era tan negra como las sombras en las que permanecía. Su cuerpo era inequívocamente femenino, pero su rostro era el de una leona

Permaneció ante mí, tendiéndome una mano y me puso de pie. Cuando abrió su boca para hablar, unas violentas descargas eléctricas sacudieron mi cuerpo por entero”.

Este fragmento perteneciente a la descripción de un sueño protagonizado por el investigador estadounidense Brad Steiger el 2 de diciembre de 1974, demostró ser después un simple eslabón más de una complicada cadena de sueños vividos por un grupo reducido de personas esa misma noche. Curiosamente, todos ellos tuvieron un mismo denominador común: la presencia de una misteriosa figura femenina de aspecto leonino. ¿Quién era esta leona? Toda esta historia se convierte en un estremecedor relato, cuando sabemos que hasta ese momento, ninguno de los protagonistas tenía ni la más remota idea de lo que era la diosa egipcia Sekhmet.

Como si se tratara de una gigantesca bola de nieve, este fenómeno ha ido multiplicándose de una forma espectacular alcanzado cotas increíbles en las dos últimas décadas. Lejos de evolucionar hacia contactos fríos como pudieran ser percibidos por medio de los sueños, algunos sensitivos pudieron contactar por medio de algo mucho más cercano y material; algo que permitía llegar incluso a sentir el calor del lomo de la diosa Sekhmet…

Las estatuas vivas

Se cuentan por cientos las experiencias de personas que han vivido y sentido algo especial ante una estatua de Sekhmet. El comienzo de este tipo de contactos cercanos con estas estatuas suele ser similar en todos los casos y con varios puntos en conexión, circunstancia que para los psicólogos convierte este fenómeno en un campo muy atractivo para la investigación.

Por lo general, la gran mayoría de los nuevos contactados no ha oído hablar nunca de la diosa Sekhmet. Su primer encuentro se produce de forma totalmente fortuita cuando visitan una exposición itinerante de Egipto o un gran museo de arte. Todo el recorrido parece normal hasta que se sitúan ante la estatua de la diosa leona. Es entonces cuando muchas de estas personas experimentan una sensación indescriptible similar a un shock emocional. Según sus testimonios las estatuas emanan una energía sutil, igual que si fueran baterías de energía; algo que hace que los sensitivos entiendan las figuras de Sekhmet como estatuas vivas.

Después de este primer encuentro, todos se sienten interesados de una forma repentina por la figura de esta misteriosa diosa y buscan información para intentar dar una respuesta a esa experiencia vivida. Sin embargo, en casi la totalidad de los casos, los libros de egiptología tradicionales no satisfacen sus necesidades.

Uno de los lugares más importantes en lo que a contactos con estatuas vivas se refiere, es el Museo Británico de Londres. Cualquiera de los encargados de las salas egipcias puede constatar la especial atención que muchas personas tienen hacia las seis estatuas de la diosa Sekhmet que hay en la gran galería que reúne obras de arte egipcio. Muchos visitantes se sienten atraídos de una forma misteriosa a tocarlas, relatando luego la sensación de paz y bienestar interior que han sentido durante aquellos breves instantes. En ocasiones, algunas personas se ven necesitadas de vivir asiduamente esta sensación de paz por lo que adquieren figuras de Sekhmet para intentar repetir la experiencia. Sin embargo, por una razón todavía desconocida, las estatuas de granito negro de Sekhmet, encontradas a cientos en el templo de Mut de Karnak y dispersas por varios museos del mundo, entre ellos el British de Londres, están cargadas de una energía especial que las convierte en piezas únicas, resultando totalmente improductivo intentar el contacto con una burda reproducción de escayola o resina.

 

 


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